7/1/11

Cultivarse



Nada se cultiva por sí solo, 
ya el verbo mismo "cultivar", 
implica trabajo, esfuerzo, 
dedicación, y constancia. 
Una voluntad cultivada 
es una voluntad fortalecida, 
es el escudo que nos protege de los vicios, 
las dependencias, la perdida de la dignidad, 
la vagancia, las malas costumbres 
y hasta de lo inmoral.

La vida es un constante esfuerzo, camino de crecimiento y, hasta cierto punto, una constante lucha con uno mismo. Nada se logra por casualidad, sino es una auténtica lotería, y para ello hay que jugar y sacrificar algún dinero que otro, unas veces más. otras menos. Pero en el camino hacia el éxito hay una constante en todos aquellos que lo han logrado:

1. Metas claras. Saber hacia donde se va y por qué se quiere llegar. Incluso el mundo de la aventura tiene una meta clara que es encontrarse con lo nuevo y desconocido, algo que implica apertura.

2. Disposición. Estar abierto a dar pasos, a iniciar experiencias nuevas, a adentrarse en el camino de la inseguridad. La apertura nos confiere un gran grado de libertad.

3. Información. Caminamos, nos abrimos a lo nuevo pero nos informamos y vamos conociendo con mayor profundidad todo aquello que va apareciendo en nuestro camino, bien como algo que nos acerca o nos aleja de lo que queremos alcanzar.

4. Esfuerzo. Nada es fácil ni se consigue a la primera. Siempre hay obstáculos que nos frenan en la consecución de nuestros objetivos o que diezman nuestros ánimos. Nos ponen a prueba al punto de tener que escoger entre la perseverancia o el rendimiento.

5. Perseverancia. Fijamos nuestra vista en lo que queremos y no el que dejamos, en lo que elegimos y no en lo que abandonamos. El valor perseguido predomina siempre por encima de los resultados obtenidos. La fe en lo que se quiere alcanzar predomina sobre los pequeños fracasos que se pueden obtener. El proceso tiene más sentido que el resultado en sí. Se goza del camino y el resultado final aparece como el resultado de lo vivido en el proceso.

6. Dedicación. Elegimos, optamos, valoramos lo que queremos. Tiene sentido en sí y por ello se merece nuestro tiempo, y por ello aparece en nuestra vida no como una obligación sino como una vocación, una extensión de lo que somos y de lo que queremos llegar a ser.