1/4/13

Jesús, Resurrección y Crecimiento personal


Celebramos una de las fiestas más importante, sino la más, de nuestra vida de fe: La Resurrección. Tal vez todo lo que es la pasión de Jesucristo tiene un cariz mucho más visible y popular, pero la Resurrección es la confirmación de que lo anterior tiene sentido y que más allá del sufrimiento hay algo mucho más importante: el sentido y lo que depara lo que uno vive cuando se tiene fe.

Me llama la atención la tumba vacía, el silencio que hay entre el Viernes Santo y la Resurrección. ¿Serán el símbolo de ese silencio y de ese vacío que sentimos nosotros muchas veces en la vida en la que parece que las cosas no tienen sentido y que todo lo que hemos sembrado parece que no dan los resultados que nosotros hemos querido obtener?

Silencio y vacío que ponen en duda lo que somos y lo que hacemos en la vida. ¿Quién no lo ha sentido en algún momento? Si el Viernes Santo supone la incomprensión, el rechazo y la condena a lo que Jesús ofrece con su vida, la Resurrección supone el espaldarazo y el reconocimiento a lo y en quien uno ha creído. Tal vez en el momento en el que vivimos no entendamos lo que nos pasa, vacío, duda, frustración y soledad, pero más adelante cuando seguimos viviendo aquello en lo que creemos la vida nos recompensará con haber sido fieles a nosotros mismos.

Hay algo que a mi me impresiona de la pasión de Jesús y que lleva el sello de la Resurrección en todo momento: la credibilidad de aquello en lo que creía y pregonaba. El amor incondicional hasta la muerte le llevó a creer y a perdonar a los que se mofaban y lo crucificaba. La soledad que le llevó a implorar el "Dios mío, Dios mío, porque me has abandonado", no le llevó a renunciar a lo que había vivido sino a encomendar su espíritu, no el alma, sino su espíritu de vida, al mismo Padre.

Creer es poder, creer es asumir, creer es confiar, creer es darlo todo por la causa y por lo que da sentido a tu vida sin importar a quien lo das y regalas. Y cuando crees, aunque el rechazo, la condena, el vacío y la soledad e incluso el mismo Dios o los más cercanos a ti parezcan abandonarte hay algo que permanece y que hace posible el milagro de la resurrección y ello es la credibilidad en aquello que da sentido a tu vida: el amor.

Y ante una tumba vacía no cabe mejor mensaje para las que llegan hasta ella que el mensaje del resucitado: no está aquí, está en Galilea. ¿Dónde? En Galilea, sí en Galilea, donde compartió el amor, donde la Buena Noticia del amor y del reconocimiento de la persona humana tiene sentido. La Resurrección es el SI SE PUEDE de Dios, de Jesucristo, al amor que nos propone a la hora de construir una vida personal y social que da sentido a la vida personal y social de todo nosotros.